En los hospitales de Mendoza, un grupo especial de voluntarios lleva alegría a quienes atraviesan momentos difíciles. Los payamédicos, con trajes coloridos y nombres que despiertan sonrisas, realizan una labor solidaria que transforma las vidas de los pacientes y también las propias.

“Ser Payamédico es darle la posibilidad al otro de salir un ratito de las enfermedades, es ofrecerles la posibilidad de jugar”
En los hospitales de Mendoza, un grupo especial de voluntarios lleva alegría a quienes atraviesan momentos difíciles. Los payamédicos, con trajes coloridos y nombres que despiertan sonrisas, realizan una labor solidaria que transforma las vidas de los pacientes y también las propias.
Los payamédicos no solo llevan diversión, sino que también encarnan historias profundas. “Soy Laura Rodríguez, arquitecta de profesión, tengo 63 años. Entré a los payamédicos para honrar la vida. Perdí a gente muy querida, y encontré en esta labor solidaria una manera de devolverle algo al mundo”, confiesa emocionada la Dra. Nicolina, quien ha llevado esta misión durante años. Para Laura, los colores y las risas han dado un nuevo significado a su vida.
Otra payamédica, Margarita, comparte su experiencia: “Soy docente jubilada y terapeuta holística. Ver niños convalecientes siempre es fuerte, pero saber que les llevamos alegría hace que todo valga la pena. Mi lema de vida es que, con una sonrisa, se pueden superar muchas cosas”, asegura con firmeza.
El grupo de payamédicos en Mendoza cuenta con más de 200 voluntarios, quienes dedican su tiempo a mejorar el bienestar emocional de los pacientes. Patricia Martínez López, conocida como “Dra. Burbujas Nieta”, resume la esencia de su labor: “Haciendo bien el bien y con amor se puede lograr un mundo mejor”.
Cualquiera puede sumarse a esta tarea mágica. Con solo 18 años y dos meses de formación, es posible convertirse en payamédico. Los colores, cuidadosamente seleccionados, y la prohibición de palabras negativas son parte de los detalles que hacen especial esta iniciativa.
La sonrisa cura, y los payamédicos son el ejemplo vivo de que, con amor y dedicación, se puede aliviar el dolor y transformar vidas.



